Desde hace siglos, el mar forma parte de la identidad y la vida de las comunidades de la costa de Quintana Roo. Para los mayas el Caribe no solo era una fuente de alimentos y materias primas, sino también una importante vía de comunicación, comercio y peregrinación. Hoy, esa relación con el mar adquiere un nuevo significado ante desafíos como el sargazo, los residuos plásticos y la necesidad de conservar los ecosistemas costeros.
Un legado construido frente al mar
La relación entre la cultura maya y el mar fue profunda. Los antiguos habitantes de la región desarrollaron conocimientos sobre corrientes, mareas, clima y navegación que les permitieron recorrer las costas en canoas y establecer rutas comerciales. Sitios como Xel ha, Xcaret, El Meco, Isla Mujeres y El Rey estuvieron vinculados con actividades marítimas, pesca y comercio.
El INAH señala que la navegación maya llegó a conectar diferentes puntos de la península de Yucatán con Centroamérica y que productos como pescado, sal, conchas y caracoles formaban parte de los intercambios comerciales. La pesca y los recursos marinos fueron fundamentales para la subsistencia de sus habitantes.
Esta historia recuerda que cuidar el mar no es un concepto nuevo para las comunidades de la región: es parte de una relación con el entorno que se ha construido durante generaciones.
El reto del Caribe contemporáneo
El paisaje del Caribe mexicano enfrenta hoy una problemática ambiental de gran escala. El arribo masivo de sargazo se ha convertido en uno de los principales indicadores del cambio climático global y uno de los desafíos que enfrenta Quintana Roo que requiere acciones coordinadas de monitoreo, contención, recolección y aprovechamiento.
Durante 2026 se han reforzado las estrategias para atender el fenómeno. Las acciones incluyen monitoreo, creación ingeniosa de barreras de contención y recolección tanto en el mar como en las playas. Además, se impulsa el aprovechamiento del sargazo mediante proyectos de economía circular que buscan transformarlo en productos como biofertilizantes, biocombustibles y materiales para la construcción.
A esta situación se suma el desafío de reducir los residuos que llegan a las costas. Plásticos, envases y otros desechos pueden afectar la fauna marina y deteriorar uno de los principales patrimonios naturales de la región.


Soluciones que nacen de la comunidad
La protección del Caribe requiere la participación conjunta de autoridades, empresas, comunidades, pescadores, organizaciones ambientales y visitantes. Las jornadas de limpieza de playas son un ejemplo de cómo la participación ciudadana puede convertirse en una acción concreta. En Playa del Carmen, por ejemplo, una jornada realizada en junio de 2026 reunió a más de 2 mil personas y permitió retirar alrededor de 70 toneladas de sargazo en un solo día.
También están surgiendo modelos que buscan aprovechar el sargazo en lugar de considerarlo únicamente como un residuo. La colaboración entre gobierno, sector privado, academia y comunidades costeras está orientada a desarrollar nuevas alternativas para su manejo y valorización.
En paralelo, la pesca responsable y el conocimiento de quienes viven del mar son fundamentales para conservar los recursos marinos. Los pescadores sustentables, al conocer los ciclos, especies y condiciones de su entorno, forman parte esencial de una visión de conservación que combina actividad económica y protección ambiental.



Viajar también puede ser parte de la solución
Para quienes visitan el Caribe mexicano, cuidar el mar puede comenzar con decisiones sencillas: evitar plásticos de un solo uso, utilizar correctamente los contenedores de residuos, no dejar basura en playas o arrecifes, respetar la fauna marina y elegir operadores turísticos comprometidos con prácticas responsables.
Participar en una limpieza de playa, consumir productos provenientes de pesquerías responsables y seguir las recomendaciones de conservación durante actividades acuáticas son pequeñas acciones que, sumadas, pueden generar un impacto significativo.
El 29 de septiembre, Día Mundial de los Mares, ofrece una oportunidad para recordar la importancia de proteger estos ecosistemas y reflexionar sobre nuestra relación con ellos.
La historia maya demuestra que el mar ha sido durante siglos fuente de alimento, intercambio, conocimiento y cultura. Preservarlo hoy significa honrar esa herencia y asumir la responsabilidad de mantener un Caribe saludable para las comunidades, la vida marina y las generaciones que vendrán.





