Pocas imágenes representan tanto a la Ciudad de México, y a México en general, como el Monumento a la Independencia, inaugurado en 1910 para conmemorar el centenario del inicio de la guerra de Independencia. Sin embargo, existe un detalle que suele pasar desapercibido: la figura dorada que corona la columna no es, en sentido estricto, un ángel.
La escultura representa a Niké, la diosa griega de la victoria (de donde la marca Nike toma su nombre). En la mitología griega, Niké simboliza el triunfo y suele aparecer con grandes alas, una corona de laurel y una palma, elementos asociados a la victoria. En el monumento mexicano sostiene una corona de laurel para los héroes de la Independencia y una cadena rota, símbolo de la libertad conquistada. No obstante, el imaginario popular terminó bautizando al monumento como "El Ángel de la Independencia", un nombre que ha perdurado durante más de un siglo.
¿Por qué la mayoría de las personas la identifica como un ángel? La respuesta está tanto en la apariencia de la escultura como en el contexto cultural de México. Al tratarse de una figura humana con alas y al estar en un país de tradición mayoritariamente católica, resulta natural que muchas personas la asocien con un ángel antes que con una deidad de la mitología griega.
En numerosos pasajes de la Biblia, los ángeles aparecen simplemente como mensajeros celestiales de apariencia humana. Por ejemplo, los visitantes de Abraham o los ángeles del sepulcro de Jesús son descritos con apariencia humana, sin mencionar alas. Es cierto que la Biblia describe seres celestiales con alas, pero no se trata de los ángeles comunes. Los querubines y los serafines sí aparecen con múltiples alas en visiones proféticas, como las de Ezequiel e Isaías. Con el paso de los siglos, el arte cristiano fusionó estas imágenes con la representación de los ángeles en general, dando origen a la figura alada que hoy todos reconocemos.
En la tradición artística cristiana que comenzó a desarrollarse entre los siglos IV y V d. C. los primeros artistas adoptaron las alas como un recurso visual para expresar la naturaleza celestial, la rapidez con la que los mensajeros divinos cumplen la voluntad de Dios y su diferencia respecto de los seres humanos. Además, el arte cristiano tomó inspiración de figuras aladas presentes en el mundo grecorromano, como Niké y otras deidades o personificaciones de la victoria.
Así, el llamado "Ángel de la Independencia" constituye una curiosa mezcla de historia, mitología y tradición popular. La estatua que domina el Paseo de la Reforma no representa a un ángel bíblico, sino a la diosa griega de la victoria. Sin embargo, la fuerza de la costumbre y la influencia de la cultura cristiana hicieron que millones de mexicanos la adoptaran, para siempre, como "el Ángel".





